Cómo educar en positivo

Educar no es tarea fácil, implica tener que tomar decisiones de manera constante y asumir que nos equivocaremos pero que también aprenderemos de nuestros errores.

La corriente de la psicología positiva ha impregnado la educación de este siglo XXI y se trata básicamente de poner el foco en los refuerzos positivos y el desarrollo de las fortalezas individuales con el objetivo de lograr una situación de bienestar físico, psíquico y emocional.
Partiendo de este soporte teórico hemos llegado hasta lo que hoy en día denominamos educar en positivo, que no es otra cosa que educar desde el buen trato y el respeto por el otro. Hoy tenemos evidencias de que este tipo de educación incrementa la autoestima de tu hijo, su bienestar emocional y el del resto de la familia y, como consecuencia, mejora el clima de convivencia.
Parece algo muy fácil de decir y de entender pero realmente difícil de aplicar y es que, como decíamos al inicio, educar no es fácil… requiere de mucha paciencia, dedicación, esfuerzo y también de autoconciencia y capacidad de autoevaluación.

Pero, no nos confundamos, educar en positivo no implica que dejemos a nuestros hijos hacer lo que les plazca. El afecto y el amor por ellos va de la mano de las normas y límites, estos son necesarios e imprescindibles para los niños crezcan felices pues les ofrecen la seguridad y la confianza necesaria para un desarrollo psíquico equilibrado. Es en el cómo poner estos límites y normas es donde debemos de enfocar toda nuestra atención.

 

Entonces ¿qué podemos hacer para educar en positivo?

17 pautas para educar en positivo

1. En primer lugar crea un clima de afecto, respeto y confianza mutua. Aquí es esencial demostrar a tu hijo el amor que sientes por él de forma abierta, no sólo con palabras sino con gestos tales como abrazos, besos…
2. Comenta con él con frecuencia cuáles son sus cualidades, valores y habilidades que le hacen ser único.
3. No le compares con otros compañeros, con hermanos, y dile con frecuencia que confías en él
4. Habla abiertamente de tus sentimientos, de lo que te encanta, lo que te molesta, lo que no te gusta…
5. Utiliza con frecuencia el sentido del humor, este siempre facilita un clima emocional positivo, ayuda a eliminar tensiones y a establecer un clima de complicidad con tu hijo. Si la ocasión lo permite, ríete de tus equivocaciones.
6. Dialoga frecuentemente con él, habla de lo que está bien y lo que no. Pídele opinión cuando proceda y respeta sus gustos aunque no los compartas.
7. No hemos de acostarnos enfadados ni dejar que nuestros hijos lo hagan. Es esencial hablar de lo ocurrido, de las emociones que nos ha generado la situación, de cómo nos sentimos… y, por supuesto, pedir perdón cuando proceda. Generar un ambiente libre de miedos y temores, donde no se juzgue al otro cada vez que hay un error, es fundamental para generar este clima de confianza del que hablamos.
8. Pon normas y límites de forma respetuosa, sin ser hiriente, combinando afecto y disciplina y haciendo ver a tu hijo que buscas únicamente su bienestar aunque él en ese momento no logre comprenderlo. Recuerda que aquí es de gran importancia nuestro lenguaje no verbal: el tono de voz que empleamos, cómo les miramos, los gestos que hacemos…
9. Educar en positivo no significa no sancionar. Ante conductas no deseadas, ayúdale a asumir las consecuencias de sus actos y enfócalas como fuente de aprendizaje. No le grites, humilles o amenaces pues ello sólo genera sentimientos de ira, rabia e impotencia.
10. A la hora de reprender, recuerda amonestar la conducta, no a la persona. No hemos de confundir el ser con el estar. Evita comentarios del tipo “eres un…” y sustitúyelo por “esto que has hecho no ha estado bien por…, ¿a ti qué te parecería que…?, ¿te gustaría que a ti te dijeran o hicieran… ?, ¿cómo crees que se ha sentido el otro?...“
11. Ayúdale a manejar la frustración, aquí son muy útiles emplear técnicas de respiración que le ayuden a encontrar un mayor sosiego corporal y mental para poder pensar con mayor claridad.
12. Ofrece refuerzos positivos de los denominados sociales o naturales (elogios, sonrisas, muestras de afecto…). Estos, además de cubrir la necesidad de valoración y aprobación que todos tenemos, son más resistentes al fenómeno de la saciedad. Lo ideal es que solo en ocasiones puntuales vayan acompañados de reforzadores materiales o actividades. El fin último es que tu hijo logre actuar por motivación propia, encontrando el refuerzo en el propio orgullo de saberse competente o exitoso ante algo.
13. Establece rutinas, horarios y tareas colaborativas en casa pues le va a ayudar a desarrollar su competencia de autorregulación emocional y a asumir responsabilidades
14. Dale independencia adecuada a la edad, hazle saber que siempre estarás ahí si te necesita o tiene un problema.
15. Intenta evitar el uso excesivo de expresiones negativas del tipo “no hagas, no digas…” y sustituirlas por otras como “mejor haz esto de esta forma, me enfada que hagas o digas esto…”
16. Implícate en su educación, interésate por cómo ha sido su día, su rendimiento, sus tareas y ofrécete para ayudarle si te necesita. Muestra también interés por su vida social y amistades, pero siempre de manera que no se sienta controlado o vigilado. Como hemos dicho tu hijo ha de saber que confías en él.
17. Y, por último, incluye en la educación de tu hijo, en el día a día, el poder inculcarle valores tales como la empatía, la solidaridad, la compasión, la tolerancia…


En definitiva, ejercer educar en positivo es poner todo lo necesario para que nuestro hijo crezca en un clima de confianza, autonomía y responsabilidad en el que el afecto, el respeto y el diálogo son los pilares esenciales, sin olvidarnos de que nuestros hijos son personas independientes de papá y mamá, y que ellos tienen sus propios gustos, inquietudes y necesidades y que nosotros estamos a su lado para ayudarles y guiarles en esa maravillosa aventura que es crecer.

 

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