Estas navidades más es menos

Se acerca la Navidad, época temida por unos y deseada por otros. Sin embargo, para los que somos padres, tiene una mirada distinta a la realidad a través de los ojos ilusionados de nuestros hijos.

Ahora bien, también es el tiempo de hacer un ejercicio extra de responsabilidad y conciencia a la hora de gestionar el ingente número de regalos que tendemos a hacer en estas fechas endémicamente consumistas.
De la misma manera que podemos caer en la abundancia contraproducente, también debemos vigilar no proyectar nuestras propias frustraciones o fantasías de lo que no tuvimos, en nuestros hijos. Es imprescindible decir que más, no es mejor. Cantidad nunca fue sinónimo de calidad.


Algunos caminos que conducen hacia la gestión equilibrada de los regalos pueden ser:


- Muchos psicólogos abogan por la Ley de los 5 regalos; nosotros, como padres y psicólogos, creemos que las rigideces no son buenas consejeras y que la tendencia debe ser limitar el número de regalos pero con flexibilidad, en nuestro caso concreto les planteamos a nuestros hijos tres regalos en Papá Noel y dos o tres regalos en Reyes, uno de los cuales deber ser para jugar en familia.  Puede parecer poco, pero no perdamos de vista a los abuelos, tíos, amigos y demás que también van a regalarles. Si nuestros hijos están faltos de algo no es de objetos, sino de tiempo y presencia.

- El exceso de regalos no es el problema, el problema es el exceso concentrado en tan poco tiempo. Sugiero regalar a lo largo de todo el año, porque se han esforzado en algo (no necesariamente premiar el aprobado), porque queremos darles una pequeña sorpresa, etc.

 

Concentrar una ingente cantidad de re- galos en poquísimo tiempo genera:
  • Sobreestimulación: les cambia el estado de ánimo y les impide focalizarse en nada. Están desbordados, alterados y no son capaces de centrarse.
  • Pérdida de ilusión: nada como desear algo mucho para garantizar el placer que supone tenerlo. Si no hay deseo o éste se ve inmediatamente satisfecho, el placer también se minimiza.
  • Confusión: la abundancia de regalos hace creer a nuestros hijos que el mun-do es así, que son merecedores (porque sí) de todo ello. Genera un espejismo de falsa autoestima basada en lo que tengo y no en lo que soy.
  • Podemos y debemos aprovechar cualquier situación para educar a nuestros hijos: cuando restringimos el número de regalos que pueden pedir estamos trabajando el criterio, la elección y la renuncia.
  • No debemos proyectar nuestras propias frustraciones de lo que no tuvimos, en nuestros hijos
    • Para que ellos hagan la importantísima tarea de decidir qué van a pedir a los Reyes o Papá Noel, podemos facilitarles la tarea, protegiéndoles de la ingente cantidad de propaganda televisiva dirigida a ellos y sustituirla, dentro de lo posible, por los catálogos de tiendas especializadas para que puedan leerlo y revisarlo con calma y controlando el impulso.

  • • Pongamos atención a los comentarios sexistas sobre juguetes para desactivarlos, permitiendo y favoreciendo que elijan en libertad.

  • • Sustituir e lregalo-objeto por el regalo- experiencia. En vez de comprar un juego o juguete, convertir el regalo en una experiencia como ir a algún sitio en familia, visitar algo deseado por ellos, etc... Vivencia en vez de acumulación de cosas.
    Finalmente decir que la responsabilidad de la educación de nuestros hijos es en primera y última instancia nuestra. Es necesario también hablar con familia y amigos para que estén alineados coherentemente con nuestra decisión y manera de gestionar los regalos, y si es necesario, poner límites.
    • Por Olga Carmona. Psicóloga clínica. Madre colaboradora del colegio Balder
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