ESTRÉS EN LA INFANCIA Y EN LA ADOLESCENCIA

Parece que el estrés es un mal que solo afecta a los adultos, pero también se da en niños y adolescentes e incluso puede llegar a generar un trastorno por ansiedad, que es, a su vez, el trastorno emocional y conductual con mayor incidencia en estas etapas evolutivas.

Las causas que originan estrés en los niños y adolescentes, al igual que en los adultos, son variadas: el cambio de colegio, el nacimiento de un hermano, la separación de sus padres, los exámenes, dificultades en las relaciones con sus iguales…

Es importante que prestemos atención a estos síntomas:

 

  1. - alteraciones del sueño
  2. - desórdenes alimenticios
  3. - alteraciones conductuales tales como irritabilidad, malhumor, tristeza, apatía, negatividad o enfrentamientos continuos
  4. - dificultad para concentrarse
  5. - descenso del rendimiento escolar
  6. - somatizaciones diversas: dolores de cabeza, de estómago, palpitaciones, tensiones musculares…

 

Cuando estos factores repercuten en la vida normal de nuestros hijos y se mantienen en el tiempo, será necesario consultar con un profesional. Pero, antes de llegar a ello, como padres, podemos ir poniendo las bases que permitan reducir el impacto que tienen en nuestros hijos las situaciones vitales estresantes a las que se van a tener que enfrentar a lo largo de su vida. Sabemos que una sana autoestima, o valoración que hacemos de nosotros mismos, junto con las estrategias que tenemos a la hora de afrontar los problemas, son dos factores imprescindibles para superar con éxito los avatares que la vida nos ofrece.

Pero, ¿cómo ayudarle entonces ante sus preocupaciones?

En primer lugar habla con tu hijo de aquello que le preocupa y de cómo le hace sentir. Hazle ver la importancia de no ocultar sus emociones, deja que las exprese sin juzgarlas. Solo escucha. No relativices su problema porque para él, en ese momento, es lo más importante. Pregúntale cuál es su mayor temor e intenta ofrecerle un modelo de afrontamiento de la situación que sea realista sin ser excesivamente directivo, diciéndole por ejemplo frases del estilo: podrías probar a hacer o contestar tal cosa… ¿qué más crees tú que podrías hacer?... ¿se te ocurre a ti alguna otra idea?... de manera que, poco a poco, le ayudemos a ir generando alternativas de pensamiento y a desenvolverse de manera autónoma.

Por último, muestra interés por cómo va evolucionando en el afrontamiento del problema; que él perciba que para ti también es importante y anímale ante cualquier logro que consiga. Por pequeño que nos pueda parecer, para él seguro que ya es un gran avance.

Todos sufrimos estrés en momentos de nuestra vida, el afrontar con éxito estas situaciones va a depender más de que tengamos una estrategia de afrontamiento eficaz y una gran capacidad de adaptación al medio que de factores ambientales. Recuerda que somos modelos de nuestros hijos y que ellos también aprenden de nuestra gestión emocional y, aunque en ocasiones sea difícil, es fundamental gestionarnos con ellos desde la calma, la tranquilidad, la reflexión y el cariño.

 

Carmen Serrano Santos

Directora pedagógica del colegio Balder

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