Gestionar los impulsos puede ayudar al éxito académico

Los impulsos, también conocidos como tendencias de acción, son deseos o una fuerza interna que nos llevan a comportarnos de una manera determinada y sobre los que no hay reflexión o pensamiento. Podríamos decir que se disparan de manera automática. A veces actuamos movidos por tales impulsos, por ejemplo cuando sentimos una emoción, y en otras ocasiones somos capaces de contenerlos.


Podemos observar en nuestros hijos cómo la mayoría de las emociones les llevan a hacer cosas de forma impulsiva. Si están tristes o apáticos sienten el impulso de quedarse en la cama y les cuesta levantarse. En un momento de enfado el impulso les puede llevar a gritar, decir palabrotas, arrojar cosas o dar portazos.....sin pensarlo.
Las emociones positivas también conllevan impulsos como aplaudir cuando somos felices, abrazamos a alguien de manera reactiva o automática cuando por ejemplo sentimos mucho amor por esa persona.

Los niños que aprender a manejar sus impulsos cuando son adultos logran un mayor éxito académico, puestos de mayor responsabilidad y están más satisfechos con sus vidas.

¿Qué ocurre en el cerebro de tu hijo cuando, presa de la ira, arroja una piedra a su hermano por ejemplo? Las emociones tienen lugar en el cerebro límbico o cerebro emocional. Cuando sentimos emociones disparadas es este cerebro, más primitivo, quien toma las riendas de la situación y corta toda comunicación con la corteza cerebral, un área mucho más evolucionada y reciente donde habita la razón y la toma de decisiones, actuamos de acuerdo al impulso emocional sin pararnos y sin utilizar nuestra inteligencia para pensar. Dicho de otro modo, hemos tenido un rapto emocional.


En la Universidad de Stanford, en 1960, Walter Mischel realizó una investigación a cerca de la gestión de impulsos. En el “test de la golosina” se pedía a un niño, solo en una sala, que esperara delante de una golosina durante 15 minutos sin comérsela. Si lo conseguía le darían después dos golosinas. Hicieron seguimiento de esos niños y cuando llegaron a adultos observaron que los que se autogestionaron mejor con la golosina lograron mayor éxito académico, puestos de mayor responsabilidad y estaban más satisfechos con sus vidas.(The Marshmallow Experiment - Instant Gratification)

Enseñar a los niños desde pequeños a darse cuenta de sus impulsos, pensamientos y emociones, ponerles nombre e identificar en el cuerpo sus señales es uno de los regalos más grandes para su éxito futuro y felicidad.

A continuación te proponemos juegos en familia para que tus hijos empiecen a identificar cuando actúan impulsivamente:

Juego 1.

Pídele que conteste si las siguientes afirmaciones, u otras que inventes, son impulso, pensamiento o emoción :
- Deseo de rascarme la picadura de mosquito
- He hecho el ridiculo hoy en clase
- Estoy furioso con Marcos
- Me llaman a cenar pero voy a jugar otra partida rápida a la videoconsola

Puedes hacer el juego aún más divertido añadiendo un gesto a cada palabra, como poner la mano en la cabeza para pensamiento, en el corazón para emoción o mover rápido la mano para impulso

Juego 2.

Los impulsos se pueden mantener bajo control con la práctica. Enseña a los niños a contar hasta 10 antes de reaccionar ante una situación conflictiva. Las sensaciones corporales les van a dar la clave de cuando el impulso se va a disparar.
Otro truco es irse a dar una vuelta y, tras un rato, retomar una conversación que estaba siendo acalorada.
¡A jugar y a crecer!

Cristina Jardóny Marisa Meher López-Patiño. Colaboradoras del Colegio Balder

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