LA GESTIÓN DEL CONFLICTO CON NUESTROS HIJOS

Los conflictos están presentes en nuestra vida de forma constante y superarlos forma parte de nuestro desarrollo y crecimiento personal.

Cómo gestionar estos conflictos va a tener una incidencia directa en nuestro bienestar emocional. Según sea su gestión, vamos a llegar bien a un entendimiento positivo que nos va a permitir progresar y conseguir un sentimiento de satisfacción personal o, por el contrario, podemos llegar a un desencuentro que puede afectar, y mucho, a nuestro día a día.

La manera en la que cada uno interpretamos los conflictos y los problemas que de ellos se derivan es la clave para establecer unas sanas relaciones sociales. Por ello, uno de los aprendizajes fundamentales, tanto en la familia como en la escuela, es aprender a convivir.

 

Pero para poder entender muchas de las reacciones de nuestros hijos hemos de saber que todas las conductas de nuestros niños y adolescentes persiguen dos objetivos fundamentales:

- Por un lado, buscan atención y este deseo de tener atención no es otra cosa que el deseo de ser escuchado y querido por el otro; en definitiva, una necesidad básica para todos nosotros y que nuestros niños la van a reclamar y pretender obtener cueste lo que cueste.
- El segundo objetivo de toda conducta es obtener poder. Tanto el niño como el adolescente necesitan sentir que también tienen el control de la situación, que pueden conseguir determinadas cosas con determinadas conductas.

Para satisfacer estas necesidades básicas es importante tener en cuenta las siguientes orientaciones generales que nos van a ayudar a obtener un clima familiar con menor número de conflictos:

En primer lugar es esencial generar un clima de respeto mutuo y reservar tiempo para la diversión con nuestros hijos.
Escucharles con atención e interesarse por sus cosas, de forma que les hagamos saber que sus necesidades e intereses son tenidos en cuenta y que nos importan.
Comunicarles expectativas concretas. Reforzar con elogios la buena actuación que se espera de ellos, darles atención de forma inesperada y mostrarles con frecuencia nuestro cariño.
Poner límites firmes y sistemáticos. Ellos han de saber que se respetarán sus conductas siempre y cuando no sean perniciosas para el resto. En este punto es importante recordar que las órdenes breves y directas, formuladas en un tono positivo y neutro, llevan a una menor resistencia a la hora de actuar.
Enfocarnos en sus cualidades y conductas positivas, ignorando episodios menores de mala conducta porque el no proporcionar la atención que ellos reclaman de manera inadecuada es ya suficiente castigo.
Hacer siempre críticas constructivas. En ningún caso hay que emplear un lenguaje hiriente y despreciativo. Se trata de valorar una conducta no a la persona.
• Y, por último, comparte con ellos que todos tenemos problemas, que son parte de la vida diaria y que cuentan con todo nuestro apoyo para buscar soluciones.

No obstante, es cierto que en algunos casos esto no es tarea fácil. Cuando el hijo es especialmente desafiante suele ser porque la percepción de poder está alterada. En estos casos, los padres, muchas veces, sentimos rabia y provocación y los intentos de corrección bajo este estado emocional rara vez tienen éxito. Cuando esto sucede es fundamental actuar desde la tranquilidad emocional y, siempre que sea posible, ofrecerles diferentes alternativas de actuación.

En estos episodios de desencuentro es esencial reflexionar sobre cómo ha sido nuestra actuación y qué ha ganado nuestro hijo con ese comportamiento pues podremos manejar su conducta de una manera más eficaz cuando comprendemos su causa. Para ello hemos de entrenarnos en observar más el resultado de una mala conducta que la conducta en sí misma.

Los padres debemos traducir los momentos de conflicto, sean más o menos intensos, en grandes ocasiones para ayudarles a crecer, a encontrar opciones, superar sus frustraciones, aprender a conocer y controlar sus emociones, haciéndoles ver que todos, en algún momento, hemos pasado por situaciones similares y que la vida es también para todos un aprendizaje continuo.