Así ayuda la psicomotricidad en el desarrollo de tus hijos

Esta disciplina funciona como una herramienta educativa en colegios y fuera de ellos

Hay emociones, deseos o miedos que los niños no son capaces de expresar con palabras pero que sí lo hacen a través de técnicas educativas. Algo que Carmen Serrano, directora del Máster de Psicomotricidad Educativa de la Universidad Nebrija, no duda en recalcar.

«Muchas personas creen que jugar es una técnica sin sentido cuando, en realidad, el cuerpo es el vehículo que tienen los niños para transmitir emociones, temores o deseos porque no saben poner palabras a aquello que sienten», explica esta experta. «La función del psicomotrista es la de observar a los niños, generar una interpretación y dar salida a esos sentimientos para solucionar conflictos».

Además, tal y como acalra Carmen Serrano, es una disciplina que permite la prevención y la intervención en casos tan comunes —habituales de los colegios— como las dificultades de ajustes sociales, los niños con arrebatos impulsivos o con baja autoestima.

Beneficios durante el desarrollo
En España, la psicomotricidad, es una disciplina que apenas tiene presencia en los centros escolares. Por contra, en Europa es una disciplina que cuenta con amplia presencia en el currículo escolar. «Es algo desconocido, que cada vez más tiene mayor presencia en los cursos de Infantil, pero en Primaria no», apunta Serrano. Estas actividades mejoran el aula, y el trabajo de los especialistas le da a los profesores una visión global del niño. «Los psicomotristas pueden orientar a los profesores a la hora de tratar con niños y niñas que tengan dificultades o que no expresen con claridad sus sentimientos», comenta.

Es una práctica que comenzó en Francia durante los años 80
La edad recomendada para poner en marcha este tipo de prácticas oscila entre los 2 y los 10 años, que es el período en el que los niños se desarrollan. La psicomotricidad implica la liberación de horas del día, «la psicomotricidad educativa permite a los niños conocer su entorno y desarrollar competencias emocionales y cognitivas. El juego es la primera forma que tenemos de conocer el mundo y con él se desarrollan: el pensamiento, el lenguaje y la fantasía
Más allá de los colegios
En el Colegio Balder llevan 18 años incluyendo la psicomotricidad en su programa educativo. «Es algo muy positivo y las familias reconocen su utilidad. Los chicos más mayores siguen pidiendo talleres de trabajo con la inteligencia emocional», explica Serrano.

El juego nunca debe estar organizado por los padres
La clave en estos casos es que la psicomotricidad educativa no solo se reduzca a los espacios y horas lectivas. Las familias deben ser también parte de esta disciplina y para ello son «fundamentales las escuelas de padres. Hay que concienciar a los padres que sus hijos necesitan tiempo de juego y que algunos si deben ser compartidos, pero otros muchos deben surgir por propia iniciativa de los pequeños. Así cada uno desarrolla sus propias características y da espacio a sus inquietudes», concluye Serrano.

 

FUENTE ABC